La contaminación acústica
Hoy día, poder escuchar los sonidos de la naturaleza o disfrutar del silencio son experiencias ajenas a la vida en la ciudad. La superpoblación, el tráfico excesivo y la actividad industrial generan una cantidad de ruido cada vez mayor y dan lugar al fenómeno de la contaminación acústica.
Según un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), en las denominadas megaciudades del mundo, aquellas que tienen más de 10 millones de habitantes, el ruido supera los niveles recomendados por la OMS.
Las ciudades con más contaminación acústica del mundo son México, Bangkok, Beijing, Bombay, Buenos Aires, Calcuta, Delhi, Karachi, Londres, Manila, área metropolitana de Nueva York, Río de Janeiro, Seúl, Shanghai y Tokio.
La contaminación acústica no suele recibir la atención necesaria. Se trata de un tipo de contaminación de características peculiares:
- Su producción es barata y requiere poca energía.
- Su medición y cuantificación es compleja.
- No genera residuos.
- No produce un efecto acumulativo en el medio, aunque sí en el ser humano.
- Su radio de acción es inferior al de otros contaminantes.
- Se percibe solo por el sentido del oído, y esto hace que se subestime.
La primera declaración internacional que contempló las consecuencias del ruido sobre la calidad de vida se remonta a 1972, cuando la OMS lo catalogó como un tipo de contaminación. Desde entonces, se han creado normativas, pero no se suelen cumplir.
La intensidad del sonido se mide en decebelios a través de un aparato llamado sonómetro. Denominamos ruido a cualquier sonido que nos resulta molesto. Ningún ruido es beneficioso, pero los hay altamente perjudiciales, según la OMS aquellos que superan los 55 decebelios (dB). Ese tipo de ruidos son los que dan lugar a la contaminación acústica. En teoría, estos son los niveles máximos de ruido permitido en edificios públicos:
- Hospitales: 25 db
- Bibliotecas y Museos: 30 db
- Cines, teatros y Salas de conferencias: 40 db
- Centros docentes y Hoteles: 40 db
-Oficinas y despachos públicos: 45 db
- Grandes almacenes, restaurantes y bares: 55 db
Este es un registro aproximado de datos sobre intensidad del sonido, que nos puede ayudar a hacernos una idea más concreta de la diferencia entre sonido, ruido y contaminación acústica:
- Pájaros trinando: 10 db
- Rumor de hojas de árboles: 20 db
- Zonas residenciales 40 db
- Conversación normal: 50 db
- Ambiente oficina: 70 db
- Interior fábrica: 80 db
- Tráfico rodado: 85 db
- Claxon automóvil: 90 db
- Claxon autobús: 100 db
- Interior discotecas: 110 db
- Motocicletas sin silenciador: 115 db
- Taladradores: 120 db
- Avión sobre la ciudad: 130 db
- Umbral de dolor: 140 db
La consecuencia evidente de la contaminación acústica es la pérdida de audición, pero también provoca trastornos del sueño, irritabilidad, agresividad, estrés y dificultades de concentración, que pasan más desapercibidos.
¿Qué opciones reales existen para evitar la contaminación acústica? Una opción es el diseño sonoro, que se ha convertido en un componente adicional importante para los fabricantes de coches. El mercado cada vez exige más que los coches sean silenciosos. Otra posibilidad es establecer normas y crear infraestructuras que agilicen el tráfico en las ciudades y en su periferia.
Por último, es fundamental el respeto a las recomendaciones de la OMS, que pasan por intentar no convertirnos nosotros mismos en fuentes generadoras de ruido.



